DÍA 2: Yangon-HeHo-Inle

10 May DÍA 2: Yangon-HeHo-Inle

Hoy es un día largo, muuuuy largo, de esos que no sabes si es de día,de noche, si son 5 horas más o menos, si has dormido siesta mañanera o del carnero…. Esto del cambio horario… Y eso que son solo 4h y media más. Esta amaneciendo, la vida comienza en Birmania temprano, debido al calor sofocante que hace en esta época del año. Descendemos hacia Yangon y por la ventana veo lo húmedas que son las tierras Birmanas, que no quiere decir verdes, ya que estamos al final del verano y todavía no han comenzado las lluvias, por lo que el campo se ve desde el aire marrón. Grandes ríos y canales serpentean por todos lados.


Abren las puertas del avión y conforme descendemos por la escalerilla notamos el cambio brutal de temperatura y una humedad del 100%.
Pasamos inmigración sin problemas, con un visado que se saca en estos días on line, digo en estos días porque en Birmania las cosas cambian de un día para otro.
Es un país tranquilo y hoy por hoy estable. Gobierna el partido de Aung San Suu Kyi, la famosa Nobel de La Paz, pero no ella directamente ya que sus hijos son ingleses y no puede gobernar en este país alguien cuya familia no sea 100% Birmana. El 25% del congreso sigue estando ocupado por militares.
La temperatura en la calle es abrasadora a las 7 de la mañana. Un autobús con un frío polar nos espera, esto no debe ser bueno.
Yangon es la capital del país, una ciudad grande y caótica con nada más y nada menos que 7millones de habitantes.
Un tráfico infernal, mucho Toyota con volante a la derecha, pero conducen como nosotros a la izquierda, esto que es?? La razón es simple son coches de segunda mano que traen de Japón donde sí que conducen por la izquierda, curioso detalle. No hay ni una sola moto, prohibido en la ciudad, pero no en el resto del país. Los militares las prohibieron cuando gobernaban ya que había muchos accidentes.
Nos dirigimos hacia la Pagoda Shwedagon la más importante del país con 100m de altura y toda recubierta de pan de oro.
Son las 8am, nos descalzamos y casi no podemos caminar sobre el suelo de mármol blanco y verde, arde. El aire está impregnado de un fuerte olor a incienso y a flores que ofrecen a buda, son preciosos collares de orquídeas y diamelas que maravilla. También los cuelgan el los coches como ambientadores.
La Pagoda es impresionante, qué tamaño. De su vértice cuelgan miles de joyas donadas por los fieles. 

Hay todo tipo de gentes, monjes mayores y pequeños vestidos con túnica naranjas y calderas, monjas totalmente rapadas vestidas de rosa y naranja elegantísimas, familias enteras que vienen a hacer ofrendas de flores y frutas, grupos de adolescente k vienen a rezar…. Es un poco como un centro social, la gente se encuentra, hablan, rezan y hasta ligan!!!

Alrededor de la Pagoda principal hay pequeñas estupas con imágenes de Buda que donan los fieles, hay miles; hasta hay imágenes de Buda con su “halo” hecho con luces intermitentes de colores, wow que moderno.

Las campanas suenan en todas direcciones, son los fieles quien las tocan tres veces para comunicarse con Buda. Cuando oyes la historia de la vida de Buda y ves las imágenes que la relatan, siendo católica, me recuerda un tanto a la vida de Jesus, curioso.
Vemos también el Buda reclinado, el cuarto más grande del país 70m de largo y 18m de alto, impresionante; es un Buda relajado, descansando, al que va la gente a ver para rezar y meditar.

Siempre que visitamos una Pagoda, estupas o templo nos tenemos que descalzar igual que todo el mundo, no os podéis imaginar el color de los pies al salir, pero tiene su encanto!!
Después de 1h visitando desde el autobús el centro de la ciudad con sus preciosos y decadentes edificios coloniales, comemos en el Hotel Shangri La, un buffet muy bueno pero a toda prisa ya que el tráfico que hay nos hace salir más temprano hacia el aeropuerto, aunque nuestro magnífico Guia Naine se va de avanzadilla y va facturando.
El aeropuerto doméstico de Yangon es de juguete y precioso, unos techos de teca casi como la Alhambra!!bueno no tanto. Llegamos y ya tenemos las tarjetas de embarque, ni enseñamos pasaportes ni nos quitan el agua ni nada al pasar el control!! Las maletas se quedan en mitad del hall y no sabemos qué pasará con ellas, “no problem” dicen.
Vuelo en avioncito de hélice, 1 hora hasta Heho, el Lago Inle nos espera!!
Aterrizamos en un chambao de uralita verde y nos montamos otro gélido autobús, aunque la temperatura aquí es muuucho más agradable.
45min tenemos hasta Nyaung Shwe un pueblucho donde embarcamos en una lancha larga con un motor fueraborda y unas sillitas cómodas. La salida merece una mención, el nivel del agua es bajísimo, todavía no ha llovido y nos quedamos encallados sin movernos ni par adelante y para atrás, la lancha se balancea y a punto estamos de volcar en un charco lodoso con todo tipo de cosas flotando!!de repente aparecen 5 hombres k se descalzan y levantan a 4 mujeres y el barquero como a la Macarena!!!!un show!!


La barca avanza rápido y a izquierda y derecha aparecen los primeros palafitos, casas hechas con techos de paja y paredes hechas de un tejido de bambú, donde viven las familias, sobre altos pilotes que las salvan de las aguas cuando empieza a subir el nivel durante el monzón. 

En el aire un olor a humedad y a quemado que viene de los campos que cultivan sobre las aguas, queman las malas hierbas como no lo sé porque hay agua por todos lados!!
De repente el ancho canal se acaba y aparece el gigantesco Lago Inle. Me viene a la cabeza el lago Atitlan en Guatemala y el Delta del Okavango en Botswana, cada cual más bonito, cada uno a su manera.
Una sorpresa nos espera, esta atardeciendo y nos dirigimos al centro del lago, una botella de Champagne aparece por arte de magia!!!y todos brindamos antes de que se ponga el sol tras las fértiles montañas rojas del Lago Inle.


 Dos pescadores aparecen de la nada y nos hacen una demostración de su arte de pesca, vaya equilibrio y vaya destreza que tienen con los pies!!en una mano el remo y en la otra la estructura de bambú y red con la que pescan, vaya espectáculo.

La lancha se pone en marcha y nos dirigimos entre los canales bordeados por flores de loto a nuestro Hotel Inle Princess Resort; el acceso es de película, tan bonito. Mi habitación es una cabaña preciosa de techo de paja, paredes de madera y suelos de teca con una “outside shower” estupenda. Cenamos comida típica birmana, ternera, pescado, arroz y veduras con mil salsas distintas todas con un toque picante, aquí nadie vive sin el.


Después de un largo viaje porfin puedo coger la cama, que gusto, pero ha merecido la pena.



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